Este es el cuento que ganó el tercer premio en el concurso de la Cooperativa Bancaria, entre 317 presentados. El narrador es el Manuel de Maná del cielo.
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sábado, 6 de abril de 2013
martes, 19 de marzo de 2013
La piel transparente
A los cinco o
seis años, me perdí en La Paloma. Fui a comprar bizcochos a la panadería, a
menos de dos o tres cuadras de la casa que alquilábamos ese verano, y no
encontré el camino de regreso. Caminé y caminé, incapaz de orientarme, por
calles de tierra y bosques de pinos que me resultaban familiares. El sol
empezaba a entibiar ese aire fresco y salado que envuelve a los balnearios
cuando se despiertan, y mi casa no aparecía. Tampoco sabía cómo volver a la
panadería. Tuve fantasías vagas, fragmentarias, en las que me veía como una
huérfana desvalida, y se me hizo un nudo en la garganta. De repente, reconocí
el auto estacionado frente a la carnicería. Mi madre estaba comprando las
provisiones para el almuerzo.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Ojos de Gato
Este cuento fue uno de los primeros que escribí y es de 1996. Lo corregí porque una de las cosas que estamos haciendo este año en el taller es rescatar textos viejos.
miércoles, 6 de octubre de 2010
La casa desnuda
Hoy fui a ayudar a mi madre con la mudanza. La casa estaba vacía y a la vez llena de gente. Había como tres tipos de la empresa que abrían los roperos y metían cosas en las cajas. Mamá sólo se tenía que ocupar de la ropa. Sacaba un salto de cama de un estante, lo ponía en una especie de armario portátil de madera y se sentaba a descansar. Se levantaba, guardaba tres camisones y jugaba un solitario. Yo pensaba que a los ochenta y cuatro años no se puede hacer una mudanza de otra manera.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Gatos y perros
Cuando murió mi madre, yo vivía en España y mis hermanas y yo heredamos la casa de La Floresta, donde pasamos todos los veranos desde niñas. La casa es un chalet típico de los años cuarenta o cincuenta, con techo de tejas, pisos de piedra laja y un porche grande rodeado de hortensias. Bajo los pinos del jardín hay una hamaca y unas sillas de hierro oxidado, con almohadones de lona rayada. Cuando llueve, la humedad queda atrapada en la pinocha y engendra hongos como hijos, o tal vez como memoria de la lluvia, aun cuando los días hayan vuelto a ser radiantes y los pinos esparzan ese olor de verano.
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